Fui al cine a ver una película, me encontré con par de niños americanos que también habían asistido a ver el drama. Se quejaron cuando en la parte más interesante de la misma la pantalla se apago de repente. Yo solo atine a decirles: bienvenidos al drama de República Dominicana.
Solo desde dentro sabe uno que es ser dominicano, claro yo no soy alguien ufanado en salir de mi país, tengo mis aspiraciones personales y en cada una de ellas me vislumbro viviendo aquí. Ahora bien el encanto y la pasión que siento por mi tierra no me siega, tenemos muchas cosas malas que solo desde una postura autocritica podríamos cambiar para bien.
Puede alguien explicarme por qué dejamos todas las cosas para ultima hora ¿? Cómo es que no existe forma para que hagamos todo de forma sincronizada con la hora pautada ¿? Yo quisiera que la palanca asignada en el cielo para acabar con este mundo sea operada por un buen dominicano el cuál lo dejará para el último día postergándolo; como siempre.
Una de las cosas más impresionantes es el letargo del dominicano como elector o votante, somos vivos y dinámicos para otras tantas pero cuando se trata de dotar de motricidad a la política local a través de comportamientos en masa capaces de producir cambios significativos en el mismo nos quedamos cortos de mira. Cada elecciones el drama es el mismo.
No creo que seamos ingenuos, pues un país tantas veces ultrajado hace rato debió aprender cierta lección. En sentido general somos una nación que vive de esperanzas, aquellos exitosos dramaturgos de la política local lo saben, por eso se especializan más en ser buenos prometedores que solucionadores de problemas, desde siempre hablar ha sido más fácil que hacer.
La lengua es ligera, las acciones pesan. En última instancia también saben que las promesas solo comprometen a quienes creen en ella, poreso su gran logro ha sido mantener a este pueblo comprometido.

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