martes, 29 de septiembre de 2009

''Erogenia''


Los primeros rayos de sol invadieron la atmósfera de aquel poblado, atrevidos apuñalearon de la misma su piel etérea para describir una trayectoria que les llevo a cruzar las rendijas de la madera hecha cajas tenidas por viviendas.
Y fue precisamente en una de estas casuchas inmotas donde solía habitar la albacea de tiempos milenarios, la memoria de míticos recuerdos, la luz del génesis, el verbo primigenio; el árbol genealógico de una estirpe anodina.
Tales atributos subyacentes a la piel de aquel hombre de barba extendida y ancha, copiosos barros en la frente tantas veces golpeada por esos rayos irreverentes que a través de esas mismas rendijas le despertaron en la mañana narrada por estas líneas.
Aquel ardor dócil en su roce abrieron sus ojos en el acto, consciente suspiro el aire que en su cosmovisión es un elemento puro tal cual como le concibieron los alquimistas del medio evo; ni él, a poco ellos supieron que en verdad este se compone de elementos varios tales como nitrógeno, oxigeno e hidrogeno.
Tan solo con esto es ya de esperar que para la ciencia contemporánea ese hombre llamado Liborio no resulte más de ser un inope en materia de conocimientos científicos.
Aún así, él y solo él fue capaz de recrear en sus ensueños las visiones de andanzas arcaicas, tales como la correspondiente al tiempo, tenido por él como una especie de cristal con la humanidad y su trajinar a modo de un metraje eterno; las remembranzas, vibraciones devenidas en ondas y estas a su vez en voces cuales solo a él le fueron inteligibles pues no conocemos otro hombre capaz de articular los signos pretéritos; bíblicos fonemas precedentes a babel.
Cabe acaso citar también el hecho de que por su sangre corre una progenie nueva y por tanto desconocida y solo basta con que él se anime a derramar su simiente sobre la tierra, pues la magia y el poder de la misma es tal que puede darse el lujo de prescindir de todas las mujeres y sus vientres no vaya a ser cual su cáliz se contamine con la vanidad y pasión de las mismas, males a su vez, inherentes a la especie como tal.
Por todo esto la madre tierra impaciente le espera, ella añora recordar los días de la primera creación cuando aquel homo sapiens broto de sus entrañas. Alguno de estos o quien sabe si una noche, liborio por fin impregne de aliento y vida la tierra sostenedora de sus pasos y sobre ella deje caer aquel liquido condensado y así de una buena vez y por todas se produzca el prodigio, el milagro de regurgitar un hombre nuevo; pueda entonces esta especie ahora embadurnada en decadencia cifrar sus esperanzas siendo otra vez Adán.
Visto así, un ser humano tan peculiar, nos es ahora entendible el desdén e ignorancia del mismo hacia el saber del resto de los mortales.
Liborio desconocía la caída libre, el péndulo y la halotecnia, a galileo y huyggens, hombres de portentoso saber. Pero ciertas madejas cosmogónicas solo estaban al alcance del conocimiento de aquel sabiondo rural y montañés. 

La gente de palma sola le venero, a su firme caminar cabizbajos se postraban en muestra de pleitesía; él supo devolver a buen recaudo tales, y para justificar la continuidad de las mismas les instruyo en el arte de organizar sus vidas a modo de que la comunidad deje su paso por el tiempo mas no a la inversa, también pretendió enseñarles como escapar de los sueños cuando estos se convierten en pesadillas y como construir luz de los abismos de la oscuridad, materia a partir del vació, dotar de espíritu cinético lo inerte, y en términos existenciales en vano trato de enseñarles a procurar la grandeza de la vida contenida en las pequeñeces aparentes del momento; mas tal lección seria una de esas cual siquiera el resto de la humanidad a duras penas ha podido aprender en lo mas mínimo.

En pocas palabras y con algunas que otras erratas, les hizo doctos en el arte de la duanimia, es decir la ciencia liboriana de extraer de cada cosa o elemento su contrario. La dialéctica platónica en la mera práctica.
El paraje de palma sola esta incrustado en las modestas montañas de una isla del Caribe, aun hoy se tejen y cuentan historias sobre aquella comunidad. Y ha sido el misterio propio al final de Liborio y sus andanzas lo que le ha conferido ribetes de misticismo y mesianismo. 

Un final tan azaroso no estuvo nunca en los planes del Mesías montañés; tal ha sido la opinión casi al unísono de historiadores y sociólogos estudiosos de tal fenómeno acontecido en esta bóveda, cúpula de seres errantes, almas perdidas que su nicho no encuentran, susurros y llantos de impotencia que se lamenta, allí donde el ultraje queda patentizado.

El drama de lo humano aconteciendo a través de cada uno, el tiempo no es cíclico, es una espiral que retorna a su punto de partida a través de las experiencias vividas tal cual cada uno de nosotros, y que él, sabio y con aplomo recorre los múltiples caminos con cada sueño festejo de lo añejo, cada recuerdo regurgitando en uno para recordarnos a todos; en su interior la historia de cada alma se escribe, y esta pluma aun desconoce como diablos fue que Liborio llego a la espeluznante idea de que aquel abstracto, ese concepto, a veces relativo, otras tantas volátil como lo es el tiempo, le resulto más real que nuestras existencias terrenas, que la memoria nos es prestada, somos producto de su inventiva, él es nuestro autor, somos sus manecillas, nos usa para medir sus pasos, sus errores y certezas, para tener consciencia de su trayecto; saber como ha de ser su devenir en los portentosos ángulos y contornos de las dimensiones espaciales.


El tiempo escribe constantemente un cuento, una novela quizás, si a caso una poesía cuando su ánimo se torne sublime, aun así nos es casi imposible escapar de los influjos de las líneas a cada uno entregada a modo de libreto, pero cada vez que dentro del marco de nuestra ensanchada cosmovisión antrópica le creemos como invención de lo humano, como una medida para cronometrarnos los éxitos y naufragios, es ahí cuando la ficción se nos rebela. 


Todo esto explica la sentida necesidad de Liborio por tratar de enseñar a sus compueblanos, como conjurarles para quedar fuera de los influjos del tiempo, dejar de ser quimeras a su antojo, desvestirles de la piel deletérea propia del crono sapiens, y era a través de la duanimia como Liborio pretendió hacer que esa ficción colectiva por tenida por comunidad y dicho sea de paso el resto de los humanos, de meros reflejos se transmutasen en materia, carne autentica. Y cuando eso aconteciese quedaría desterrado el fantasma de la senectud y las vísceras a cada cual les hubiesen sido lozanas hasta el día de la muerte ineluctable.

Más aun nadie sabe cual fue la causa de la hecatombe súbita y presurosa que a modo de colofón es el desdichado cenotafio de liborio el Mesías de palma sola, aquel paraje mítico.
Una mañana alegre de esas que nos dan buenas vibras por buenos días, liborio salio como de costumbre a inhalar de la tierra el aliento desprendido por esta, fruto del cortejo milenario existente entre el sol y ella; él la sublima con sus caricias, las mismas llegan a través de sus rayos, primero en la atmósfera, luego la superficie y son ellos como los dedos del hombre cual delira al desliz de su tacto por los contornos femeninos. El sol y la tierra tampoco quedan exentos de los influjos de Eros, la superficie excandece un suspiro y fue este cual liborio esnifaba complaciente.
Nadie despertó mientras él ahí estuvo, nadie excepto un alma noble e ingenua, caminó dormida, a pasos de pies descalzos sobre el suelo montañés, no habría de ser la primera de sus andanzas pero si la última.
Liborio sembró su mirada en aquella ninfa de 20 años no más, se cuestiono sobre la conveniencia en despertarla y así fue como se produjo el primer contacto entre la ninfa y la albacea de tiempos inmemorables.

Sus manos ya viejas más cálidas y saturadas de vida, le contuvieron los pómulos y con sus pulgares llego a los ojos hasta volverlos a la luz del día. Inmota quedo ella desde que sus oídos se percataron del trajinar de liborio; se vieron frente a frente, ojos con ojos solo para ver en los de ellas siluetas danzantes al compás de los latidos del corazón de plinio ventura, pues no otro es el nombre de liborio.

No sabemos porque ni como ocurrió lo demás, lo cierto es que a partir de entonces liborio solo actuó conforme a los influjos y dictámenes de su carne, se torno humano, demasiado humano; si es que aquí nos cabe parafrasear a nietzsche.

De cómo llego aquella ninfa a palma sola, luego se supo que una ingenua cuarentona le habría dejado vagar en las cercanías de la casucha de este Mesías campechano en aras de que el mismo diera al traste con la cura para la somnolencia sempiterna cual privo durante varios años de luz a los ojos de la ninfa que por nombre tenia rosiris. Volviendo al momento en que liborio le tuvo frente a frente, cuando, apenas segundos mas tardes y el atuendo de ambos yació en el suelo, nunca antes liborio habría tenido algo similar ante sus narices, sabia como los demás suelen consumir sus pasiones, más él siempre se mantuvo al margen.

Claro hasta lo aquí narrado; Y es que las manos del hombre sucumben a la tentación del firmamento femenino a flor de piel y desnudo. Volátil y casi deletéreo desplegó los dedos, viajo por su cuerpo como la luz al desplazarse a través del vació; se detuvo en sus caderas y en la curvaturas de las mismas fabricó un cosmos a la medida de la lascivia impera en aquel momento enclaustrado en el tiempo común al resto de los mortales. 
El olor de su sexo en pleno estado de párvula excitación le elevó a confines antes inexplorados por sus sentidos, tales, son los mismos que cualquier hijo de machepa así como los auto referidos de sangre azul suelen visitar cuando el goce del clímax les abre las puertas a la morada de Eros.
Liborio recapitulo su especie, fue todos los hombres al vivir en su individualidad la costumbre del coito mas humano. Fue así como se aborto su misión, su simiente fue derramada en el vientre de aquella ninfa sonámbula, habitó una vez más y ésta para siempre en los confines del tiempo común a sus congéneres. Aquella estirpe nueva sencillamente no fue. Ciertamente Liborio no las tenia consigo, hubiera bastado con que la joven le hubiese rechazado pero una mirada en sus ojos plenos y cayó enajenada ante la presencia de aquel viejo extraño a sus sentidos. Llego entonces la maldición sobre palma sola, soldados de Ramfis Trujillo irrumpieron en la zona como castigo tras el pecado revivido; Liborio ya no tenia razón de ser en este mundo decadente, así pues el destino de los hombres le erradico de sus entrañas.

 26-09-2006

2 comentarios:

  1. Loco, ¡¡¡Tú estas fumanddo!!!
    Como siempre, las locuras tuyas y de tu caco, erosionan buenas ideas...
    Realmente, el pueblo lo pide...

    ResponderBorrar
  2. No fumo, ni si quiera tomo alcohol. Las musas no tienen que ver con eso!

    ResponderBorrar

Dejen caer por aquí sus comentarios.